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Marta Ortega creció en la Zalaeta, en la Coruña España. Un barrio en el que muchos de sus habitantes eran empleados de Amancio Ortega, el segundo hombre más rico del mundo y fundador del Grupo Inditex; eran tantos que los mismos vecinos lo apodaron “Zaraeta”.
Ella es la tercera hija del magnate de la moda, producto de su segundo matrimonio. Sus conocidos la califican, de acuerdo a una publicación de EFE estilo en 2014, como sociable sin llegar a lo extraordinario, aplicada en la escuela y humilde, a pesar de sus millones. Desde niña incursionó en los deportes: basquetbol, natación y sobre todo equitación, desde pequeña los caballos robaron su corazón.
A los 15 años se fue a estudiar a Suiza, en una de las escuelas de mayor élite del mundo, el Aiglon College, luego estudió negocios en la European Business School, sin embargo, lejos de convertirse en la niña mimada que obtiene el más alto cargo de la compañía de su padre, comenzó a conocer la empresa familiar desde las raíces.
Con sólo 22 años, en 2006, dejó su sueño de la infancia e inició como vendedora en un local de Bershka en Londres –otra de las marcas e Inditex– y empezó su recorrido por diversas ciudades del mundo para dominar cada eslabón del negocio: Shangai, Milán, París… todo ello para estar en contacto directo con la moda y el cliente. La meta era subir de puestos hasta llegar a niveles ejecutivos, un plan que su mismo padre ideó y que dejó entrever que tenía la vista puesta en su niña más pequeña para sucederlo en el trono de la moda.
Marta entonces comenzó a ser llamada por los cronistas de las revistas del corazón como la Zariña, se casó con Sergio Álvarez Moya, un jinete español de salto ecuestre, tuvo un hijo con él que lleva el nombre de su padre y años después se divorciaron.
La Zariña aprendió de su padre no alardear de su fortuna, en las oficinas de Inditex, Amancio y Marta almuerzan en la cafetería de sus empleados y pagan con la tarjeta de subsidio de alimentación de la empresa, según reporta El País.
Fuente: InStyle.
